Me llamaban Caín. Por mí el Eterno
sabe el sabor del fuego del infierno.
Nefertari Vázquez Gómez
El pareado al final del poema “Él” de Borges relaciona a Dios (como personaje) con el infierno. La idea de que Dios conoce el infierno se expresa mediante recursos retóricos como la rima y morfológicos como la paréquesis en las palabras “sabe” y “sabor”. La paréquesis es relevante ya que “sabe” es a su vez la conjugación del verbo saber; conocer y saborear este último relacionado al sentido del gusto; así pues Dios conoce y saborea el “sabor” del Infierno.
El primer recurso es la rima. Dentro del poema encontramos un esquema de rima abrazada y este esquema se rompe con el pareado ya que estos versos riman consecutivamente. La rima consonante entre Eterno e infierno, situaría al sujeto (el Eterno) en el Infierno, como lo sugiere también la sintaxis. Además existe una rima asonante con la palabra “fuego” que es también un elemento comúnmente asociado a este lugar. La Biblia, que podría haber sido fuente de inspiración para el poema en Marcos 9:47, 48 describe el infierno como el lugar “donde los gusanos nunca mueren y donde el fuego nunca se apaga”. El hecho de que el esquema de rima cambié en el pareado genera drama y desconcierto en el lector, causando un mayor impacto.
A lo largo del poema también encontramos referencias a estos elementos, por ejemplo la referencia al “brillo del insufrible sol” en los versos 1 y 2. El sol es una fuente de calor, el calor se relaciona al fuego. El sol, así mismo es fuente luminosa, sin embargo el sustantivo utilizado no es “luz” sino “brillo”, una palabra que denota incomodidad y se refuerza esta idea mediante el uso del adjetivo que lo acompaña: “insufrible”; este adjetivo tiene una connotación negativa, como sinónimo de inaguantable. Además, se utilizan adjetivos como incesantes “que no cesa” (RAE) que puede hacer pensar en perpetuidad, en infinidad, en eternidad, la cual encontramos en el verso 13.
Así mismo los pareados arrojan claridad a la identidad de la voz poética. A lo largo del poema la voz se dirige a distintas personas. En la primera estrofa el primer pronombre que aparece en el poema es el posesivo “tu”: “tu carne” (versos 1 y 2); por lo que la voz poética parece dirigirse al lector. El siguiente, y último, pronombre que encontramos en esa primera estrofa es “Él” que escrito como está en mayúsculas lleva al lecto a pensar en Dios, ya que en los textos religiosos suelen escribirse con mayúscula los pronombres personales referidos a Dios (RAE). En la segunda estrofa a pesar de no haber pronombres se comunica una vez más la idea de una segunda persona mediante el uso del reflexivo “te”: “te mira” (verso 6). En la siguiente estrofa encontramos una vez más un pronombre con mayúscula “Su” (verso 10). El uso de estos pronombres lleva a deducir al lector que, deberá entonces haber otro ente al que se dirige cuando se expresa en segunda persona. A diferencia de un monólogo dramático como “Ulysses” de Wordsworth en el que a lo largo del poema la epigrafe da referencias acerca de su identidad, en “Él” la identidad de la epígrafe se revela por sorpresa. Se revela con un verbo reflexivo en primera persona “me llamaban” (verso 13) y un nombre propio “Caín” (verso 13).

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